¡EL ATEÍSMO NO ES UNA RELIGIÓN!
De todas las proposiciones absurdas hechas por las personas religiosas, la idea de que el ateísmo es una religión tal vez sea la más descabellada. Que semejante idea pudiera siquiera entrar en sus cabezas es un monumento al pensamiento confuso.
Concedamos que no todas las religiones del mundo tienen creencias teístas. Muchas ramas del Budismo, por ejemplo, son no-teístas. Sin embargo, esto no implica que un budista sea un ateo. Lo que hace que el Budismo, el Islam, el Cristianismo, el Taoísmo, el Jainismo, el Hinduismo y todas las otras caigan en la categoría de religiones es el hecho de que todas ellas ponen el misticismo por encima de la razón y todas ellas son, en consecuencia, fundamentalmente anti-vida. Todas estas religiones enseñan que esta existencia terrena es miserable, y todas buscan algún modo de escapar de ella. Todas las religiones tienen la misma premisa subyacente: evitar la realidad de la existencia terrenal y "ponerse a mano" con algún dominio sobrenatural, sea éste Dios, el Nirvana o "la unicidad del universo". La religión funciona así como un mecanismo de escape, y sus adherentes intentan escapar de la realidad en vez de enfrentarla cara a cara.
El Oxford American Dictionary define la religión en tres formas:
- "Creencia en la existencia de un poder sobrenatural y sagrado". Como se argumentó más arriba, la mayoría de los académicos encontrarían esta definición, en y por sí misma, demasiado restrictiva; pero podemos decir con seguridad que sin algún aspecto de lo sobrenatural y/o místico en el pensamiento de alguien, éste no es religioso. El ateísmo se abstiene de todos los aspectos del misticismo y del supernaturalismo; los ateos no se retiran a un mundo fantástico de su propia creación.
- "Un sistema particular de fe o veneración". Los ateos no tienen fe, y no respetan ninguna forma de fe, reconociendo en cambio la primacía de la razón como su método de comprender la realidad. Los ateos reconocen que la fe es una respuesta evasiva que las personas religiosas lanzan a los escépticos cuando sus argumentos racionales les fallan. La fe es una pantalla de humo tras la cual el creyente trata de esconderse, en la fútil esperanza de que la palabra "fe" dará, de alguna manera, respetabilidad y legitimidad intelectual a una posición de otro modo indefendible. La veneración puede ser vista como la expresión externa de la religiosidad. Las religiones incorporan varios factores en sus sistemas de creencias. Éstos incluyen los mitos (leyendas y folklore de origen antiguo), comportamientos rituales (como la Eucaristía o la peregrinación musulmana a La Meca), misticismo (visión mágica de la realidad), y experiencias personales o convicciones que no se basan en la razón. Quítese alguno de estos factores, y no habrá más religión. Todos estos elementos definitorios de la religión están ausentes del ateísmo. No hay elementos místicos, no hay rituales, ni "revelaciones" místicas, ni supernaturalismo, ni sacerdotes, ni oraciones, ni lugares sagrados ni, lo más importante de todo, dogmas.
- "Algo que se compara con la fe religiosa como una influencia que controla la vida de una persona, p.ej. ‘el fútbol es su religión’". Esta tercera acepción no es una definición en absoluto; es una comparación. En la definición del diccionario, el fútbol es como una religión, pero sólo en el sentido del fanatismo. Esto difícilmente puede ser favorable para la religión. No hace falta insistir en este punto; los diarios están llenos de las hazañas de los fanáticos religiosos.
Algunos partidarios de la religión afirman que el ateísmo es una religión porque los ateos tratan con, y se interesan en, la religión. Esto es un absurdo patente; llamar religiosa a una persona atea porque trata con la religión es como llamar incendiario a un bombero porque trata con el fuego. El ateo es, o debería ser, una persona con la autoconfianza y la habilidad de pensar libremente, sin la muleta irreflexiva de la superstición religiosa. Los ateos se involucran en los problemas de este mundo, no en formas de congraciarse con alguna deidad imaginaria en un más allá imaginario. Los ateos ven que muchos de los problemas del mundo surgen de la misma fuente: las irracionalidades e inmoralidades de la religión.
Además, los ateos encuentran que las costumbres y prácticas religiosas son bárbaras y degradantes. Son bárbaras porque representan los últimos vestigios de primitivismo en la raza humana; para dar un solo ejemplo, la Eucaristía es simplemente una versión actualizada de los antiguos rituales religiosos caníbales en que se comía al dios. Son degradantes porque ponen a los humanos de rodillas, mirando temerosos a una aparición de pesadilla que existe sólo en sus mentes. El ateísmo pone a las personas de nuevo en pie y les restaura su dignidad.
El ateísmo, basado en la razón, es una visión positiva y que afirma la vida. Por contraste, las religiones, ya que ellas (al menos en sus escritos sagrados) denigran nuestra existencia terrenal, son filosofías de muerte. En ningún lugar se ilustra mejor este punto que en el Cristianismo; toda su filosofía se basa en el odio hacia esta vida, y cualquier sistema que enseñe que esta vida no es más que un campo de pruebas para la dicha eterna es una filosofía de muerte.
Cualquiera que afirme que el ateísmo es una religión es completamente ignorante respecto de los principios básicos de lo que en realidad es el ateísmo (y la religión). Para el cristiano, todo ateo es una amenaza porque la existencia continua de no cristianos prueba que el sistema cristiano carece de méritos y que la gente puede existir y prosperar libre del dogma religioso. El Nuevo Testamento insiste en que los cristianos salgan y conviertan al mundo, y la existencia de aunque sea un solo ateo prueba que su supuestamente todopoderoso Dios no fue capaz de convencer a todos. Tales creyentes también se muestran reacios a entender el hecho de que las personas que están en desacuerdo con ellos en torno a la existencia de los dioses pueden vivir, y de hecho viven, vidas moralmente decentes.
En este punto, los cristianos honestos deberían reconocer la necesidad de reexaminar los principios de su fe. Pero raramente tienen la honestidad y la integridad para hacer tal cosa. Exasperados y sin saber qué hacer para explicarse cómo pudieron equivocarse, atacan a los ateos. Intentan darle la vuelta a la situación proyectando sus dogmas en los ateos. Insisten en que los ateos tienen fe, o en que Robert G. Ingersoll es su "dios", o que el ateísmo es una religión, o que el objeto de la veneración atea es la humanidad en lugar de un dios. Sin embargo, éstas son simplemente reacciones reflejas sin base en los hechos. Es triste que las mentes que producen tales estupideces estén tan cerradas que no puedan concebir nada que esté libre de religión.
Inclusive han llegado a argumentar que, como los ateos no veneran a su dios, ¡entonces veneran la "no-existencia"! Esto también es contrario a la verdad. Es el teísta el que venera la nada, aunque obviamente insiste en que su dios sí existe de hecho. Sólo mírese la forma en que se engañan a sí mismos: le hablan a un dios que nunca les contesta; se privan e incluso se dañan a sí mismos tratando de alcanzar un "estado superior del ser" mediante el ascetismo; lamentan su existencia al tiempo que glorifican su muerte; escuchan a predicadores que no han progresado intelectualmente más allá de las Edades Oscuras que con tanta nostalgia quisieran hacer volver; y ven imágenes de sus iconos en árboles, ventanas ¡y hasta en tortillas! Y, como si no fuera suficiente, insisten en que las personas racionales respeten sus creencias.
Los ateos no tomarán parte alguna en este contrasentido. Reconocen que el mundo religioso es un mundo de fantasía, y que la creencia religiosa es una forma de enfermedad mental que no debería tener lugar en una mente racional. El ateísmo, lejos de ser una religión, es su exacto opuesto. Los ateos reconocen que si ha de haber un "paraíso", debe ser hecho ahora, aquí en la tierra, en esta vida. Y que somos nosotros los que debemos hacerlo.
En realidad, es una victoria para los ateos cuando los creyentes llaman religión al ateísmo; al hacerlo así, los creyentes admiten, al menos tácitamente, ¡que la palabra "religión" se ha desacreditado tanto que incluso ellos la usan como epíteto!
Por Jon Nelson – Atheists United.
http://www.atheistsunited.org/html/pamphlets/Nelson/




